No fue hasta entrado en edad que tuve mi primer contacto con la muerte. Al principio me parecía algo que solo le sucedía a los viejos o a los otros, claro, de niño siempre las muertes eran lejanas.
Mi primer contacto con la muerte fue cuando falleció mi tío, arrastrado hasta sus últimos días por la sombra dantesca y abominable del cáncer. Su muerte fue una consecuencia más que una casualidad. Él vivió al límite y desafiando al señor de negro y a su guadaña. Recuerdo, que fue por Mayo cuando sucedió, yo estaba en Facultad, puntualmente en la biblioteca, la llamada fue corta y la acción fue rápida. En media hora estaba en la terminal esperando el ómnibus para Durazno. En las horas de viaje, pensaba en lo triste de la muerte, y a la vez me preguntaba ¿por qué no estoy triste?.
El velatorio fue el lugar donde encontré a la muerte. No había mucha gente y la noche se hizo eterna. Cada tanto aparecía alguien a saludar, entraba, saludaba y se iba. Todos, practicaban el mismo ritual, entraban y lo miraban. Yo me preguntaba que buscaban, si buscaban encontrarlo o si buscaban en ellos, a él que ya no esta.
La muerte me tocó de vuelta hace poco más de un mes. En este caso, fue la condena del tiempo que se llevó al Abuelo. Vivió una vida feliz, hombre de grandes virtudes, maestro y amigo. Con una sed de conocimientos atroz, sabio de la vida y un incansable luchador. Educado por los curas, rígido pero compasivo, humilde y bondadoso. Quizá, fue uno de los días más tristes que me ha tocado vivir. Sin embargo, yo me seguía preguntando, ¿por qué no estoy triste?
No fue hasta ese momento que entendí lo que es la muerte. La muerte es un conjunto de recuerdos. La muerte trae angustia, trae cambios, trae dolor y trae arrepentimiento. La muerte invoca al pasado y duele en el presente. Lo que queda es un baúl de recuerdos que cada uno elige un rincón en él, de la forma que nos toque vivirla, como nietos, como hijos, como pareja o como amigos.
Y, ¿por qué no estoy triste? Si, lo estuve y lo estoy, porque es tremendamente duro sufrir, porque el darse cuenta duele mucho más cuando todavía no la viviste. Porque en todas las veces, mi tristeza eran los recuerdos, las emociones vividas, las enseñanzas, las vivencias y las picardías.
Donde quieras que estés, un abrazo grande.
